Narra Caitlin.
Abro los ojos, encontrándome a un Justin dormido de lado, como mirándome. Me sobo un poco los ojos y sonrío sin poder evitarlo.
Tiene su boca abierta, y por su comisura cuelga un poco de baba. Empiezo a reír en un susurro, así provocando que mis ojos se agüen.
Su pelo desaliñado, hacen que algunos de los mechones de su flequillo caigan en su frente. Con cuidado los aparto y gruñe. Dice algo que no logro oír y me tapo la boca, riendo de nuevo.
—Caitlin, estás muy buena.—dice con la baba colgando.—Hazme tuyo, yo te dejo.—murmura y ronca.
Y ahí es cuando no puedo más y estallo en una carcajada, llorando de la risa. Abre los ojos, asustándose y me mira.
No paro de reír, simplemente porque no puedo.
—¿Qué pasa? ¿De qué te ríes? ¿Por qué tengo baba colgando?—se limpia la boca y mi risa va cesando.
—Ay.—me seco las mejillas y lo miro. Tiene su ceño fruncido.—Caitlin, estás muy buena. Hazme tuyo, yo te dejo.—imito su voz de dormido.
—Serás hija de puta.—empieza a reír y me uno a él.
—Te pongo palote eh.—me incorporo y asiente. Dejo de reír y arqueo una ceja.
—Es la verdad, no puedo mentirte ratona.—se pone boca-arriba con cuidado.
—¿Ratona?—frunzo mi ceño.
—Tú me llamas Jussy, yo te llamo ratona.—me mira y mueve las cejas con rapidez.
Niego con la cabeza y me levanto de la cama.
—¿Dónde vas?
—A vestirme.
—Ven, ayúdame a levantarme un segundo, Cait.—asiento y me acerco a él. Agarro sus manos, pero cuando voy a tirar, tira él de mí. Haciendo que caiga encima suya.—Vuelve conmigo ratona. Por favor.—susurra a centímetros de mi cara.
—Joder Justin.
—Por favor. Esta vez, antes de prometerte nada, me aseguraré antes de poder cumplir. Nena te necesito, eres la luz que alumbra mi oscura vida.—trago saliva y cierro los ojos, los vuelvo a abrir y suspiro.
—No sé Justin...
—Caitlin, nos amamos. Al menos yo a ti te adoro, eres... eres tan bonita, tan buena, tan cabezota, tan perfecta para mí. Te necesito Cait, y sé que tú a mí también me necesitas.—me abraza por la cintura, sin dejarme escapatoria alguna.
Un silencio se crea en la habitación...
—A la mierda todo. Estoy enamorada.—lo agarro por las mejillas y pego nuestros labios.
Nuestras lenguas se juntan, después de mucho tiempo. Mi estómago cae al suelo, dejándome en las nubes.
Me separo de él y me incorporo, quedando sentada encima de su cintura. Humedezco mis labios y empiezo a subirme la camiseta.
—Cait, no juegues con fuego.—murmura con la voz ronca.
—Deja que me queme.—me la termino de quitar, quedándome en sujetador.
—Oh dios.—muerde su labio con fuerza.—Cait, no tengo condones nena.—dice, maldiciendo.
Bufo y me levanto de nuevo.
—Otra vez será.—Cojo mi ropa y me pongo la camiseta de ayer. Me deshago de los "pantalones" del pijama y me pongo los shorts. Me calzo y miro a Justin, el cual me ha observado en todo momento.—Venga Justin, a levantarse de la cama.—doy una palmada y ríe.
—Pues ayúdame, esta vez de verdad. No puedo levantarme.—dice entre risas. Sonrío y voy hacia él nuevamente, esta vez lo ayudo a levantarse.
—¿Te duele aún?—niega con la cabeza.
—Sólo me molesta.—se estira con cuidado y entonces lo veo. Empiezo a reír exagerada, sin poder evitarlo. Me mira con su ceño fruncido.—¿De qué te ríes ahora?—me mira sonriendo.
Señalo su entrepierna y se mira. Me vuelve a mirar y niega con la cabeza.
—Que sepas que es por tu culpa, yo no quiero saber nada más.—se encoge de hombros y se gira, yendo a su armario.
·
—¿Papá?—nadie contesta. Me encojo de hombros y agarro la mano de Justin.—Vamos, no está.—entramos en mi casa y subimos las escaleras, para ir a mi habitación.
Cierro la puerta después de entrar en mi habitación y voy hacia mi escritorio. Abro los cajones, buscándolo.
—¿Qué buscas?—la voz de Justin suena detrás de mí.
—Condones. Mi madre me regaló una caja por si las moscas.—los veo en una esquinita del cajón y los cojo. Cierro el cajón y me giro a Justin.
—Madre mía.—mira la caja medio riendo.—¿Qué te ha dado por follar ratona?
—No, follar no. Contigo haría el amor eh, así que... Mis hormonas están ya por las nubes Jussy. Necesito sexo....—me encojo de hombros, sonrojándome un poco.
—Pues eso se arregla en un segundo.—viene hacia mí, me agarra de la cintura y empieza a besar mi cuello.
—Un momento Justin.—se separa de mi cuello, mirándome fijamente a los ojos.—Que hay una cosa que tengo que decirte antes.—muerdo mi labio, nerviosa.
Arquea las cejas.
—Es que, pues verás... Yo antes, nunca he tenido lo que digamos sexo.—murmuro, con miedo a que se ría o algo.
—¿Eres virgen?—pregunta curioso.
—Un poco.—me encojo de hombros.
—Yo también.—frunzo mi ceño.
—Ya, claro.—digo sarcástica.
—Vale, es mentira. Pero que no pasa nada Cait. A cada uno le viene como le venga, no puedes decidir un día que quieres perder la virginidad.—me acaricia la mejilla.
Suspiro.
—¿Tú con cuántos la perdiste?—pregunto.
—Con trece, creo.—frunce su entrecejo, intentando recordar.—Sí, a los trece.
—Joder, y yo a punto de cumplir los 17.—bufo y me siento en mi cama, dejando la caja a un lado.
Se sienta a mi lado y me agarra de la barbilla.
—Ahora mismo no estás preparada, estás confusa y deseando quitarte ese peso de encima... Y así no se hace esto ratona. Tienes que esperar, hasta que un día tú me digas que estás preparada. ¿Vale?—asiento y me da un beso en los labios. Pero antes de que se separe, lo atraigo de nuevo y empezamos a devorarnos.
Oigo la puerta abrirse, pero no me separo hasta que...
—Oh, no sabía que...—nos separamos y veo a mi padre al pie de la puerta. Hostia, los condones.—¿Qué es eso?—entra y cojo rápidamente la caja.
—Nada, sobres para el resfriado.—digo rápidamente.
Justin soltó un carcajada, que le duró poco, cuando le di un pellizco en el brazo. Contuvo la respiración.
—Bueno, sólo vine para avisarte que hoy tengo turno de noche. Y la verdad no me gusta dejarte sola, y lo sabes cielo. ¿Podrías llamar a Bella? Para que te haga compañía.
—Se puede quedar Justin conmigo.—me encojo de hombros.
—Sí, claro. Después de ver la caja de "sobres para el refriado".—hace comillas en el aire y mis mejillas cogen un color rojizo.—Pues eso, llama a Bella. Justin vuelve a casa, no quiero ser abuelo hijo. No aún.—le guiña un ojo a Justin, bromeando y se va.
—Amo a tu padre.—giro mi cabeza, mirándolo con mi ceño fruncido.—¿Qué? Es la ostia.—se encoge de hombros y río leve.
—Bah, igual hoy te quedas conmigo, ¿a que sí?—me tiro a su cuello, cayendo los dos tumbados en la cama.
—Me arriesgaré a que luego tu padre me saque los testículos por la boca.—asiente y rompo en una carcajada.
—Eres un bestia.—lo agarro de las mejillas y le doy un casto beso en los labios.
·
—Justin...—susurro, rompiendo el silencio en mi casa. Es de noche y no tenemos ganas de hacer nada, así que sólo estamos en el sofá, yo encima suya, tumbada y apoyándome en su pecho como almohada.
—Qué.—responde también en susurro.
—¿Puedo tirarme un flato? Me lo llevo aguantando desde que cenamos...—empiezo a temblar, ya que Justin está riéndose en silencio. Cuando no puede más, empieza con una sonora carcajada.
—Adelante mujer, confianza ante todo.—dice entre risas. Me dejo llevar y sale un enorme eructo, haciéndonos reír a los dos. A él con más fuerza.—¡Dios!—me levanta de encima suya y se tira al suelo. Es gilipollas el pobre.
No deja de reír en el suelo, se levanta aún riendo, secándose las lágrimas.
—Ha sido más grande que tú. ¡Sal de su cuerpo Satanás!—bromea y le saco mi dedo corazón con mucho cariño.
Me siento en el sofá y él se sienta a mi lado.
—Ostia, has dejado un olor.—hace un intento de arcada y le pego en el brazo.—No me maltrates más.—me mira contento, con sus ojos brillando y con una sonrisa blanqueada de oreja a oreja, dejándome anonadada.
—Aw, pero si sabes que lo hago todo con amor.—beso su hombro desnudo, por su camiseta de tirantes.
Niega con la cabeza y pasa su brazo por detrás mía.
—Vamos a hacer algo, ¿no? Es que me aburro ratona.—de un rápido movimiento, me siento encima suya. Paso mis brazos por su nuca, agarrándome a ésta.—Cait, vamos a dormir.—se levanta conmigo en brazos, como si me tratase de una niña pequeña. Doy un gritito de alegría y lo oigo reír.
—Papi.—bromeo.
—Hija de puta.—murmulla riendo aún. Llega a mi cuarto y me deja en la cama.—Oye, ¿cómo tienes la pierna?—se pone de rodillas frente a mí, apoyándose en mi regazo.
—Bien, supongo.—me encojo de hombros, sin darle mucha importancia. Frunce su ceño.
—Enséñamela, quiero verla mejor. Ayer no me fijé apenas.—se sienta en el suelo, mirando mi pierna.
—Justin, eres un poquitín pesado.—me tumbo bocabajo y abro las piernas, ocupando casi toda mi cama.
—Y tú anormal y nadie te dice nada.—río leve y noto el colchón hundirse por un lado.—¿Tienes sueño ratona?—su cálida voz suena a mi lado derecho.
—Bueno... puedo aguantar.—giro mi cabeza hacia él, mirándolo con una media sonrisa. Me devuelve la sonrisa encantado y se inclina para darme un beso en la mejilla.
—Cait, puedo... ¿puedo preguntarte algo?—se atranca. Frunzo el ceño y me las apaño para quedar sentada en la cama.
—Claro.
—No quiero para nada que te sientas mal o algo, sólo me gustaría saberlo...—asiento y suspira. Su mano izquierda agarra la mía derecha, acariciándola.—Cuando nos conocimos, bueno, o nos volvimos a encontrar en la playa... Me dijiste que ya me contarías más adelante lo del accidente.—dice con calma y atrancándose casi. Está nervioso.
Arqueo las cejas.
—¿Quieres saber lo que pasó?—pregunto. Asiente mirándome con ternura.—Bueno, pues acababa de empezar mi primer año en la secundaria y decidí pasar un fin de semana en casa del lago de mi amigo con siete otras amigas en agosto de 2009. Nos estábamos divirtiendo mucho. Me decía a mí misma: "Este año va a ser increíble." Pasamos el día fuera por primera vez con la música a todo volumen del lago, haciendo piruetas y aventando a todos al lago. Me estaba divirtiendo mucho y me olvide de todo lo demás.—hago una pausa.—Dos de mis amigas y yo estábamos montando el Jet Ski, estábamos haciendo piruetas, como todo el mundo en la moto acuática. Todos estábamos en el agua, nos aventamos del Jet Ski, y mientras estábamos en el agua nos quejábamos porque se nos metía el agua en los oídos. Pensando que era malo, no podía imaginar lo que estaba por venir.—Trago saliva, recordando ese día como si hubiese sido ayer.—Es curioso cómo nos quejamos de un dolor de cabeza o algo con poca importancia. Pero siempre hay alguien peor que tú, no importa lo mal que parece.—me da un apretón en la mano, cosa que agradezco para que me ayude a seguir.—Mis otros dos amigos estaban en el lado izquierdo de ella mientras yo estaba a la derecha. Cuando gire mi cabeza, vi el barco que venía directo hacia mí. El conductor estaba mirando detrás de él, así que nunca me vio.—mi voz empieza a temblar.—Antes de que pudiera tratar de nadar lejos de ella, me tiró la cabeza hacia atrás.—lágrimas salen por sí solas de mis ojos.—La-las hélices picaron a mi pierna izquierda, y rompió a través de mis músculos, los nervios, la piel y la arteria principal que conduce a mi corazón.—Justin se lleva a su boca mi mano y la besa muchas veces, manteniendo ésta ahí para calmarme, pero no funciona.—El poste de metal unido a la hélice fue a través de mi pierna derecha y me rompió el fémur. Miré hacia atrás tan pronto como me golpeó, y mis amigos en la canoa que me pasó por encima, también. El tipo que conducía el barco ni siquiera sabía que él me golpeó por lo que siguió conduciendo.—suelto un sollozo, tapando mis ojos como si estuviera viviendo de nuevo aquel día horrible.—Miré hacia abajo en el agua y todo lo que vi fue el color rojo, al igual que en 'Tiburón', la película cuando el tiburón arrancó las piernas de alguien fuera. Pude ver mis músculos y la piel que flotaba en el agua, y me dije a mi misma que no iba a mirar mi pierna, pero lo hice de todos modos. Vi mi pierna básicamente estaba picada, y destrozada. Vi mi hueso y cada pequeño detalle.—me entra un escalofrío y mi pierna duele nada más pensar en todo lo que vi con tan poca edad.—Miré las caras de mis amigos en la canoa. Escucharon el ruido de que habían golpeado algo, y se regresaron para ver el agua roja. mis amigos empezaron a llorar histéricamente, gritando, y entrando en pánico. Durante todo el tiempo me seguí diciendo a mí misma, 'Está bien. Es sólo un sueño. Voy a despertar en cualquier momento.—trago saliva.—No desperté. Y fue el dolor más atroz de toda mi vida, ese dolor, esos millones de escalofríos por mi espina dorsal, no paraban. Y hacía mucho más difícil convencerse de que todo iría bien. El padre de mi amigo fue mi héroe, le debo la vida, él tuvo el valor de cogerme y envolver mis piernas con toallas para al menos que no me desangrase. Pero notaba zumbadas en mis oídos, cosa que era irritante y muy escalofriante. Y... por un momento estaba muerta, ¿sabes?—cierra sus ojos y al abrirlos, veo cómo caen lágrimas de sus preciosos ojos mieles.—No puedo seguir.—niego con la cabeza y Justin rápidamente me acuna entre sus brazos, antes acercándose a mí.
—Ya Cait. Lo siento, no debí haber sacado el tema.—besa mi frente y me aguarda en su pecho. Empiezo a llorar en éste, sin poder hacer otra cosa.
Narra Justin.
Mi alma se rompe en diminutos pedazos irreparables al verla en mi pecho llorando como si no hubiese un mañana.
Y es que una persona que aparenta estar bien, puede estar pasándolo el doble de mal que tú.
_
RT AQUÍ si quieres que te avise para el próximo capítulo.
Bueeeeeeeeeeeeno, sí volví.
Estuve pensando y la iba a dejar, pero qué coño, amo escribir esta novela. Amo Jaitlin y punto.
Necesito que me consigáis lectoras, el último capítulo sólo tuvo 22 RT's y por eso llegué a querer dejarla...
Gracias a las que comentáis siempre, sois un puto amor, os adoro y os comería si pudiera ...
Una chica me está copiando la novela, pero en vez de "Flores de Papel" puso "Aviones de Papel" y algunas cosas las cambia. Y la prota se llama Anastasia en vez de Caitlin, pero bué.
Voy a dejar que la siga subiendo, pero con la condición de que me de créditos...
Dejaré su twitter en anonimato.
Espero vuestros comentarios y vuestros RT's. Además de votos en las reacciones de abajo.
Capítulo dedicado a @CF_Marta_ (Seguirla, es una cuenta que me hizo un amor de niña por mis novelas).
- Donna
No hay comentarios:
Publicar un comentario